| Sobrevivir al cine estival
A todos aquellos que se queden en la ciudad y pretendan aliviar los rigores estivales cómodamente refrigerados en una sala de cine, les espera un duro verano de plomizos remakes, refritos varios, precuelas, secuelas, segundas, terceras y hasta cuartas partes. Si algunas voces claman ante la alarmante falta de talento de Hollywood, prepárense para un verano en el que la cartelera nos ‘sorprende’ bien poco.
Al menos esa es la impresión que queda tras soportar estoicamente horas y horas de cine veraniego entre bostezos, alguna tibia emoción y una mala leche creciente ante la cretinez de algunos realizadores y sus posmodernos aduladores.
Comencemos por lo poco que salva el tipo. El 7 de julio se estrena El tigre y la nieve, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni. Vale, no es la gran película del italiano, abusa de los tópicos y el guión guarda demasiados paralelismos con su éxito mundial La vida es bella, pero al menos es un soplo de honestidad, aire fresco y decencia que provoca risas, emociones contenidas y te mantiene pegado a la butaca. Menos da Hollywood.
Benigni llena con su excéntrica personalidad a Attilio, un poeta enamorado de una mujer que le hace bastante poco caso. Ella marcha a Irak para realizar una biografía de un poeta iraquí amigo de Attilio. Cae herida, Attilio se entera de que está moribunda y hace lo imposible por acudir a su lado. La cinta contiene bellísimas imágenes, dispone de numerosas lecturas y salvo algunos excesos líricos, cuenta una historia con enorme ternura y gran sentido del humor. Muy recomendable.
Otra que no está mal es Superman Returns (se estrena el 12 de julio). Sí, Brian Singer lo ha vuelto a hacer. Ha recuperado a un superhéroe que todos daban por desaparecido y ha logrado confeccionar un film que si algo logrará es que en los próximos carnavales todos vistan con el famoso traje intentando lucir el mismo paquete que Singer le ha puesto a Superman (y eso que la Warner le obligó a reducir un poco la abultada zona que lucía la novísima estrella Brandon Routh).
Singer, que ha sido el magnífico realizador de X-Men. X-Men 2 y ha creado al ya mítico doctor House, ha sabido otorgar a Superman la misma introspección psicológica que ofrece a todas sus creaciones: personajes torturados por su pasado que deben encarar un complicado presente. Ha facturado una brillante película que parte de una huida de cinco años de Superman en la que ha viajado a los últimos confines del espacio en busca de su pasado y tras la pista de su familia y otros como él. Pero víctima de sí mismo y de un pasado que se ha esfumado, regresa a la Tierra justo cuando Lex Luthor (papelón de Kevin Spacey) sale de la cárcel.
Y atención a la primera película que habla del 11-S: United 93 (se estrena el 25 de agosto). Estamos sin duda una película que por poco no se convierte en una obra maestra. Basándose en documentación oficial y testimonios de familiares, Paul Greengrass reconstruye los hechos ocurridos en el único avión que no alcanzó su objetivo aquella fatídica mañana debido a que los pasajeros se rebelaron contra los secuestradores. Resultado: todos murieron cerca de Pennsylvania al estrellarse.
Con una desnudez insólita de recursos, un estilo más cercano al documental que a la ficción, con una interpretación magistral de actores desconocidos únicamente escogidos por su parecido físico con las víctimas, sin nacionalismos baratos, con gran maestría en la construcción de los planos, Greengrass logra lo imposible: que los 100 minutos de tensión a bordo de un avión te agarren a la silla sin importarte que ya conozcas el final de la historia.
Y ahora vayamos con otras cintas que harán mucha taquilla pero son imposibles. En los próximos días, las hadas del marketing nos harán tragar con una libre versión de Las aventuras del Poseidón (1972), que ya era un poco flojo de por sí. El guión de este Poseidón (26 de julio) parte de cero, construyendo personajes originales de escaso recorrido psicológico que reflejan su peculiar experiencia ante la trágica manera en que acaba el viaje. Personajes que se ven sometidos a una horrible situación: una gigantesca ola vuelca el crucero en el que viajan.
Toda la trama parece orientada a deleitarnos con persuasivos efectos especiales que en unas ocasiones producen líricas estampas y en otras simplemente producen agotamiento. En fin, que si se quiere disfrutar de Kurt Russell o ver Richard Dreyfuss haciendo de gay, perfecto. Pero no busquéis nada más detrás de este rollazo epopéyico.
Atención a otra que no tiene desperdicio: Las colinas tienen ojos (30 de junio). ¿Realmente hacía falta un remake de este clásico de Wes Craven? ¿Realmente el viejo profesor del terror debía producirlo? Todo son tópicos, todo es previsible, todo es gore mal entendido, todo es una mezcla cutre a medio camino de La matanza de Texas y Holocausto caníbal.
Se trata de la historia de una familia con cuñado, yerno y nieta incluida, que se ven atrapados en el desierto de Nuevo México. Creen que están solos hasta que unos mutantes les empiezan a acribillar con un sadismo bastante inexplicable. En la primera media hora no pasa absolutamente nada. Luego hay un par de destellos (el primer ataque mutante y la terrorífica guarida de uno de ellos), pero nada más. Y eso es muy poco para casi dos horas de metraje.
Otra chorrada psicodélica es Maleficio (18 de agosto). Relata la leyenda de la Bruja de Bell de Tennessee que sometió a la próspera y respetada familia Bell a sus ataques durante cuatro años, hasta causar la muerte de uno de sus miembros. Y lo hace con tan poca gracia, con unos actores tan poco creíbles y un guión tan forzado que cabría pensar si la intención no era otra.
Y si se quiere ver a Penélope Cruz y a Salma Hayek de ladronas de bancos del lejano oeste, habrá que ver Bandidas (4 de agosto). En su dossier de promoción reza: «Aguda y picante como la salsa, el guión está escrito de manera muy compacta, el vestuario es suntuoso, la escenografía es impresionante y la música está impregnada del auténtico sabor mexicano». ¿Habrán visto la misma película que los sufridores que ya la hemos aguantado?
Del cine español, mejor no hablar. Nos regalarán títulos tan inmediatamente olvidables como Desde que amanece, apetece (21 de julio) con Arturo Fernández haciendo de proxeneta que debe educar a su descarriado sobrino; o H6 Diario de un asesino (14 de julio), en el que Fernando Acaso -el del primer Gran Hermano- hace de implacable asesino que relata sus matanzas por escrito. La gran decepción puede que sea El próximo Oriente (18 de agosto), el título de Fernando Colomo. ¿Cómo un maestro del cine puede facturar una película tan rematadamente mala? Es la historia de un memo que vive en Lavapiés. Se llama Caín y tiene un hermano que se llama Abel que deja embarazada a una joven musulmana. Abel huye a los brazos de su mujer y el memo decide que como no liga ni pa’trás, se queda con el hijo y la embarazada muchacha.
Se hace musulmán, peregrina a La Meca, se hace con el restaurante árabe de la familia hasta que el ortodoxo padre se entera de la verdad, le da un yu-yu y cuando vuelve al mundo de los vivos decide perdonarlo todo. Vamos que en Lavapiés para triunfar hay que peregrinar a La Meca.
Los amantes del cine teen no se pueden perder Aquamarine (28 de julio), historia de una sirena cuyas nuevas amigas humanas quieren ennoviar como sea, Los calientabanquillos (21de julio), de un grupo de señores que reta a un grupo de niños al béisbol, ¡Marchando! (4 de agosto) sobre un grupo de camareros bastante lenguaraz, y -como no-, la interpretación triunfal de la mismísima Paris Hilton en Pledge this (4 de agosto). Esta última no la he visto.
Y el 11 de agosto se estrenará Piratas del Caribe 2. Si la primera fue mala, ya veremos esta. Para el 25 de agosto llegará La joven del agua, nueva película de M. Night Shyamalan, un director que me pone de los nervios. Nunca le perdonaré moderneces fabuladas como El bosque o la pretenciosa y olvidable Señales. Aquí la gracia comienza en que un tipo descubre en su edificio de apartamentos a una especie de ninfa salida de un cuento infantil que está siendo acosada por monstruos malvados. Ya veremos también.
Iván Trash |