Última actualización: 09/07/07 #02 comentarios 

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  # El día eterno

El día eterno

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La conexión Sevilla – Barcelona sigue dando sus frutos, como lo demuestra el primer álbum de El Día Eterno (EDE). En este caso, el proyecto del cantante y guitarrista barcelonés José Ángel Hernández encuentra su cauce con la inestimable colaboración del productor sevillano Juanimisterfly, que una vez más vuelve a demostrar su dominio de los registros techno-pop más variados, desde sonidos envolventes y ambientales, al techno-pop puro y transparente que ya recreó en Parabólica, o al techno con raíces ochenteras más bailable y guitarrero. "No me canso de mirar el mar" es el sugerente título de esta carta de presentación con la que José Ángel Hernández debuta en el mercado discográfico nacional en primavera de 2007, tras la edición mexicana del álbum en 2006. Un disco tan alejado de la mediocridad reinante que sin duda hará las delicias de los nostálgicos de los 80, que habíamos perdimos la esperanza de volver a experimentar sentimientos aletargados o incluso desterrados hace ya mucho tiempo.

Un álbum impregnado de un poso melancólico que recorre de principio a fin una obra inteligente, de infinitos matices sonoros y melodías elegantes, que, en perfecta simbiosis con la arrebatadora languidez de la voz de José Ángel, me recuerda por qué necesito la música igual que el aire. Resulta inevitable no advertir la gran similitud de la voz de Miguel Ángel con aquel desgarro entre conmovedor y desafiante que Nacho Governa derrochó en la interpretación de los míticos himnos de La Dama Se Esconde. En parte por esta razón, "No me canso de mirar el mar" resulta un disco tremendamente sugerente, sobrecogedor, que en sus temas más tranquilos e íntimos se materializa en sonoridades difusas, lejanas, ritmos entrecortados y suaves susurros y efectos de voz que desgranan la tristeza rota de pasajes nostálgicos (“Segunda piel”, “Tras el cristal”), o reproches y anhelos escondidos (“Detrás de los ojos”). Letras de gran carga poética cercanas a la mágica oscuridad de Niños del Brasil, que se dejan llevar flotando sobre sonidos profundos e intrigantes percusiones en las propuestas más líricas (“Paisaje interior”, “En el aire”).

El disco nos ofrece otros planteamientos más envolventes que prescinden de las estructuras pop consolidadas, otorgando el protagonismo a la melodía y al tratamiento de las voces y sonidos para contribuir a crear el ambiente que requiere cada tema. El constante vaivén de las olas se recrea intencionadamente con repetitivos juegos vocales en “No me canso de mirar el mar”, en la que un sugerente bajo que evoca a los New Order más sosegados suple con dignidad la ausencia de estribillo. Una voz entre desganada y quebradiza que me traslada los ecos del mejor Diego Vasallo, se manifiesta en temas cargados de intensidad (“Seguro”), o en la entrañable “Todo lo demás”, con un intro desnudo de gran carga emocional, que acaba transmutándose en un medio tiempo sobrecogedor.

Junto a estas propuestas más íntimas y ambientales, encontramos varios temas donde encuentran salida las estructuras pop más bailables y épicas, anticipando lo que esperemos se convierta en la evolución del sonido y la producción de los próximos trabajos de EDE, capaz de perdurar en la memoria de los nostálgicos del techno pop. Especialmente ilustrativo resulta el inigualable single “Signos en tu piel” (con la omnipresente y evocadora voz más característica de La Dama se Esconde ensamblada a fuego con las bases y programaciones de Juanimisterfly), o la obstinación melódica en “El eco de tu voz“, con una percusión incisiva de aires épicos que se reivindica como uno de los temas más logrados del álbum.

La autenticidad de propuestas como la que ofrece El Día Eterno hace renacer la confianza en el pop verdadero, sensible, desgarrador y reflexivo, que tanto nos hizo soñar en la época dorada del (techno)pop español. Y es que el aire triste y lacrimógeno que impregna tanto los momentos íntimos, como los ambientales o incluso los bailables, consigue que en ningún momento se esfume la estela melancólica que inunda este gran álbum, que no me canso de escuchar.

 

dj farrow

 

 

 

 


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