Última actualización: 27/11/06 #02 comentarios 

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  # Fangoria - El extraño viaje
   

 

Crónica por DJ Farrow

 

Fangoria

“El Extraño Viaje” (criticar por denostar versus criticar por ensalzar)

 

Subimos a bordo del extraño viaje de Alaska y Nacho Canut. Lo de extraño se le puede aplicar por varios motivos, desde la accidentada y casi fortuita autoproducción en la que se han visto inmersos (tomando como colaboradores directos a SPAM, tras finalizar el período de entendimiento con Carlos Jean), hasta la enorme expectación creada por un disco que aparece nada menos que tras la gloriosa e irrepetible trilogía “Infierno-Naturaleza-Arquitectura”. Con estos antecedentes, sin duda este extraño viaje será un álbum de lo más comentado, criticado, ensalzado y vilipendiado de su carrera, a lo que ha contribuido en primer término su controvertido primer single, así como el giro en su producción, fuertemente enfocada al baile, pero con un importante protagonismo de las guitarras que les aleja de sus planteamientos más electrónicos. 

 

Fangoria es uno de los grupos en los que el aval continuo de su trayectoria planea indefectiblemente sobre las críticas, reportajes y entrevistas de cada nuevo disco, influyendo sobre los argumentos esgrimidos por los comentaristas y participantes en foros, para bien o para mal. Su trayectoria puede beneficiarles, si se interpreta adecuadamente para entender mejor la evolución de su sonido dentro del contexto de sus anteriores trabajos. O puede perjudicarles, si la valoración de cada nuevo disco se hace siempre en función de los aciertos de sus predecesores, en lugar de intentar analizar y comprender el porqué de una determinada apuesta estilística, renovación sonora o continuismo temático. En este sentido, las (inevitables?) comparaciones con la gloriosa trilogía no se han hecho esperar. Se traslada así al panorama nacional el eterno error de creer que Depeche puede resucitar el espíritu de “Violator” en cada nuevo proyecto, empeñarnos en que Erasure vuelva a parir otro “Chorus”, o despreciar o ensalzar cada nuevo disco de Pet Shop Boys en función de su mayor o menor sintonía con “Behaviour”.

 

Las comparaciones son inevitables, pero no siempre saludables. Por eso, resulta injusto y superficial valorar la calidad de “El Extraño Viaje” en referencia únicamente a sus precedentes inmediatos Infierno-Naturaleza-Arquitectura (como no paro de leer en los comentarios de cualquier foro), ya que estos álbumes surgieron en una etapa de su carrera en que Fangoria resurgió de las cenizas de su estancia experimental en Vulcano. De aquellos años de paseo por el underground en los que alcanzaron sus niveles más discretos de popularidad mediática y aceptación comercial, pero en los que, al mismo tiempo, se fueron sentando las bases artísticas y estéticas que los encumbrarían como grupo de culto por encima de modas, gustos y tendencias, forjando a base de honestidad su indestructible leyenda. Esa misma leyenda que hace que las expectativas depositadas por sus seguidores cada vez que se embarcan en un nuevo proyecto sean siempre muy superiores a las exigencias de calidad respecto a otros grupos o artistas. Pero también la que consigue que la mayoría de sus incondicionales, sólo por el soplo de aire fresco que supone un nuevo disco, se impregne de indulgencia a la hora de pasar por alto sus errores (básicamente de promoción y actitud) o sus carencias (en la producción y el directo).

 

Si aparcamos de momento la discusión acerca del nuevo giro sonoro que han decidido abordar en el disco, podemos reconocer, tras severas y reflexivas escuchas, dos grandes aciertos en este álbum de Fangoria. Por una parte, su decidida apuesta por el pop bailable y melódico, apuntalado con mejor o peor criterio por las guitarras programadas por SPAM y los siempre estimables coros de Spunky. Por otra, la peculiar simbiosis entre letra y música, certificada con grandes frases e inolvidables rimas, a pesar de la reproducción de esquemas temáticos ya visitados en anteriores trabajos (fe, verdad, muerte, obsesión…).

“Fantasmas” abre el álbum a modo de tenebroso intro oscuro, una balada con aire de suspense, en la que los teclados y las guitarras se apoderan de un ambiente tétrico, cargándolo de tensión para convertirlo en un original medio tiempo, en una historia introspectiva de temores e indecisiones.

Tras la original introducción, enseguida se ponen las cartas sobe la mesa, accionando el impacto mediático con “Criticar por criticar”, un pelotazo de lanzamiento rabiosamente comercial, con uno de los estribillos más desgarradores y contundentes de su repertorio. Quizás por ello, el paralelismo de este primer single con “No sé qué me das” se hace cada vez más patente. Nadie puede dudar de que se trata de un bombazo de fácil asimilación para las pistas de baile, caracterizado por la fuerza de su letra y la potencia de su ritmo. Sin embargo, al igual que el primer single de Naturaleza Muerta, no será de extrañar que, con la misma facilidad que se instala en la cabeza, deje paso a otras canciones del disco para reinar entre las favoritas de los fans.

El viaje continúa sin tregua después del trallazo del primer single, abriendo un puente al recuerdo de Dinarama con otras dos descargas ochenteras. “Plegarias atendidas”, a pesar de ser uno de los temas que más promete del álbum, con una gran letra y contundente ritmo, se echa a perder recreándose demasiado en un estribillo que acaba recordando (sin acercársele) al genial “83” de Ellos. “El cementerio de mis sueños”, la canción más Dinarama del álbum, nos asalta sin contemplaciones como la gloriosa resurrección del “Rey del Glam”, con una estimulante letra y un gran protagonismo de las guitarras, avanzando con paso firme para volcarse en un glorioso estribillo que hará furor en los directos, donde sin duda flotará el espíritu de Luis Míguelez...

Tras estas dos bombas revival-eras, llega “Sin perdón”, discreta propuesta de pop guitarrero con un firme bajo y sutiles toques de sintetizador, pero sin demasiadas pretensiones, más allá de su aceptable estribillo, perdiéndose en la abstracción de una letra cargada de inconcreciones.

“A fuerza de vivir”, es la única parada para coger aire en este atropellado viaje, con reminiscencias melódicas que recuerdan a los Garbage más atormentados, en esta peculiar balada que va ganando en intensidad trágica, apoyada por originales coros y riffs, que tiñen de pesimismo una conmovedora letra. La canción con la interpretación más almodovariana de Fangoria.

Con “Si lo sabe Dios que se entere el mundo”, arden los foros desprestigiando este meritorio intento consciente o inconsciente de abordar de una forma directa la problemática de la salida del armario, en una de las canciones que más ganará con el directo, tanto por su temática como por su explosivo estribillo. Al margen de las opiniones sobre la oportunidad o no de reincidir sobre el manido tema, más vale disfrutar de este renovado momento “A quién le importa”, en lugar de renegar de la capacidad de Fangoria para que canciones de este estilo san elevadas por el público a la categoría de himno, al alcance de muy pocos artistas. Sobre todo porque, probablemente, la intención soterrada de la canción vaya dirigida a personajes públicos armarizados del conocimiento de todos, incapaces de poder expresar libremente su tendencia por razones de imagen, intereses comerciales o discográficos.

“Ni contigo ni sin ti”, una de las grandes joyas del disco, con potentes bases y una gran letra que va creciendo en intensidad, adentrándose sutilmente en un estribillo épico que nos deja al borde del éxtasis, con el sentimiento a flor de piel, puro lamento discotequero que Mónica Naranjo firmaría como pasaporte seguro para su resurrección. Una bella pieza de puro techno drama, cuya atropellada percusión la hace carne de cañón para los Pumpin’ Dolls.

El cansancio de este acelerado viaje va aflorando poco a poco, encontrándonos ya cerca del destino final claras muestras del desacierto en la producción en tres bellas canciones que podrían haber resultado mucho mejor paradas con otra propuesta sonora más razonable, aunque sin duda ganarán con su puesta en escena. “Cuestión de fe”, interesante pieza de pop guitarrero y electrónico con una vertiginosa progresión melódica, truncada por el inesperado giro que acaba apagando un estribillo apoteósico. “Las ventajas de olvidar” presenta una sonoridad más oscura que sus antecesoras, algo mediatizada por el abuso de la percusión, con profundos bombos que esconden un precioso estribillo impregnado de una familiar vena melodramática. La acertada esdrujulización de la rima contribuye a impregnar la canción de un triste halo de victimismo coplero que pone los pelos de punta. “Estés donde estés” saca a flote por momentos el espíritu de Camela en una de las canciones más bakalas del álbum, con un enérgico estribillo, que también habría ganado en efectividad con una producción más adecuada.

Por último, abundando en la coherencia estilística que guarda todo el álbum, Fangoria llega al final de su viaje sin renunciar al baile ni al drama. “Nada más que añadir” presenta una original combinación progresiva de ritmos, comenzando como una oscura balada que se abre sutilmente paso hacia una alternancia de momentos de deep house, con elementos trance, guitarras oscuras y altibajos idóneos para dar protagonismo a la voz, que envuelve en una reflexión sosegada la tristeza de los reproches contenidos. Entrañable temazo para una preciosa despedida que deja un profundo y desolador poso melancólico.

 

Resulta muy complicado para cualquier artista mantener intacto el nivel de calidad disco tras disco, sobre todo cuando han alcanzado tan recientemente semejantes cotas de genialidad y brillantez en su mítica trilogía. Sin embargo, el extraordinario nivel melódico que mantienen en la mayoría de las canciones aconseja situar el debate más en relación con la producción que con el resto de las connotaciones artísticas del álbum.

 

Toda elección implica una renuncia. La apuesta por el techno-pop guitarrero les aleja de la vanguardia, o, si se quiere, del osado rupturismo de otras épocas. Ofrecer las dos cosas al mismo tiempo es privilegio de muy pocos. Su recién estrenado idilio con Dro augura malos tiempos para el riesgo creativo, ya que la sangría discográfica exige servidumbres tanto mediáticas (aplaudo el momento “glamour de escaparate” de la fnac, pero… ¿hacía falta lo de Ana Rosa?) como estilísticas (la exploración de nuevos sonidos podría frustrar sus nuevas pretensiones de artistas masivos, mientras que cierta dosis de revival ochentero y pop bailón puede animar a nuevos adeptos, peligrosamente volcados con otros estilos más “televisivos”).

 

Es cierto que la monotonía de algunos ritmos lleva a una fácil confusión y reiteración sonora de ciertos temas. Sin embargo, es innegable reconocer que el disco funciona muy bien como conjunto, al margen de la calidad dispar de cada tema por separado. ¿Es el disco más lineal de su carrera? Probablemente sí, aunque también pueda verse como el trabajo más coherente con el estilo elegido, sin grandes altibajos anímicos ni dispersiones estilísticas. Probablemente, esta meridiana apuesta por el dance y el electro-pop bailable, pero al mismo tiempo, inseparable de las guitarras, puede convertirlo en uno de sus discos con más recorrido tanto en directo como en las pistas, como ya hemos podido comprobar en algunas salidas nocturnas. Este cambio en la orientación de la producción (el trueque de Jean por Spam) conduce más a una reafirmación estilística dentro de una evolución lógica de su sonido, que a la sensación general de declive en su carrera que algunos pueden haber barajado, sin renunciar a la honestidad de una trayectoria. Por eso, me quedo con la valentía de defender a muerte un estilo, al margen de las modas, en lugar de apuntarme a la fácil acusación de continuismo y poco riesgo.

 

Conscientes de haberse situado por mérito propio en la cúspide del techno-pop nacional, Olvido y Nacho han venido adoptando últimamente en sus entrevistas una peculiar actitud de indolencia frente las críticas, que las malas lenguas no han dudado en interpretar como una estrategia para esconder al menos una cierta preocupación o vulnerabilidad frente a las reacciones externas de sus trabajos. Quizás por incluirme entre los sectores más benevolentes, intento verlo como una estrategia de protección que, llevada a sus últimas consecuencias, podría acabar instalándoles en una autocomplacencia perjudicial para su evolución como grupo, alejándoles de la autocrítica y de la humildad necesaria para mejorar y crecer día a día como artistas.

 

Por ese motivo, resulta sorprendente que editen en dvd el entrañable reportaje “Así hicimos el extraño viaje”, en el Alaska y Nacho muestran el lado más cotidiano de su trabajo creativo, alejándose de la frialdad o el distanciamiento propio de los artistas divinizados. Un auténtico regalo para los fans, haciéndonos partícipes de sus dudas, sus planes, sus chismorreos, sus vivencias durante la grabación… en definitiva, el mundo de relaciones, encuentros y desencuentros que encierra la producción del disco y la planificación del directo (incluyendo una espectacular e impagable sesión de fotos y vestuario), que llega en plena polémica sobre el planteamiento o discurso “oficial” del dúo respecto a las críticas de las que son objeto. Bienvenido sea.

No tengo nada + que añadir.

 

dj farrow



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