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LKAN
SOMOS OTRA COSA
Cuánto nos alegramos de que los miembros de LKAN hayan encontrado entre sus múltiples ocupaciones los huecos necesarios de inspiración y esfuerzo creativo para parir su cuarto disco, “Somos otra cosa“, publicado de nuevo por Subterfuge. Y es que desde que su último “Discazo” viera la luz en 2004, poco se ha sabido de sus nuevos proyectos estrictamente musicales, más allá de haber disfrutado algunos de sus conciertos por Madrid y contemplar desde lejos su aventura mexicana en verano de 2006.
Cualquiera que haya escuchado sus discos y viva con cierta asiduidad el ambiente indie de los locales ‘retro-modernos’ en la noche madrileña, rechazaría de plano la visión simplista de catalogar a LKAN como un grupo que se limita a desgranar, en clave de techno pop irónico y con un peculiar sentido del humor, determinados tópicos sociales, culturales o humanos. La grandeza de LKAN radica en que logran abordar estos temas con su particular mordacidad entre censuradora y sarcástica, sin dejar nunca de resultar entrañables. Envuelven sus críticas más ácidas en un tupperware de cotidianeidad que les hace tan cercanos, que irremediablemente te sientes espectador, protagonista obligado o testigo de muchas de las escenas mundanas que con tanta destreza plasman en sus canciones (el fashion-victimismo, gustos y fobias de andar por casa, la crítica de la modernidad mal entendida, las excentricidades como parte de la filosofía vital…).
Conscientes de su abrumadora originalidad, LKAN se han propuesto con su disco “Somos otra cosa” un ejercicio de autodefinición respecto a ellos mismos, dando un salto de calidad respecto a sus anteriores trabajos, y también frente al resto de grupos afines, alejados aún de su sabia ironía y sentido del humor. “Somos otra cosa” es sin duda su disco definitivo y más profesional hasta el momento, presidido por el triunfo melódico, la humanización de las letras, y una mayor riqueza instrumental con colaboración de SPAM en las mezclas (dando entrada a nuevos arreglos de cuerda y piano, elementos acústicos y sugerentes percusiones). Sin abandonar la gracia natural de LKAN, se pierde la acidez y se deja atrás cierto sarcasmo en pos de una ironía fina, sutil, sanísima, para abordar temas como la complejidad y el desgaste de las relaciones de amor y amistad, la emoción de algunas experiencias vitales o la inevitable imperfección de la naturaleza humana. Especial mención requieren los acertados coros y apoyos vocales de Olaf como contrapunto grave a la alegre voz de Belén, que se reivindican con fuerza realzando el potencial melódico o la vena melancólica de las canciones, y que se han convertido ya en una constante del sonido de LKAN.
Lo único malo de abrir un disco con un single tan claro y rotundo como “Todo lo que no”, es que se deja el listón muy alto para la escucha completa del álbum, aunque también sitúa al oyente en una inmejorable predisposición a impregnarse de las buenas vibraciones que generan estos grandes temas. En este primer single demuestran su gran habilidad para condensar en sus características estrofas de largo recorrido un aluvión de sentimientos y situaciones entrañables y conmovedoras, ante la triste realidad de las relaciones perdidas e irrecuperables. Un poderoso piano ratifica esta sensación de desamparo, mientras que las guitarras apuntalan las palabras al final de cada estrofa, impregnándolas de un crudo realismo.
En esa misma línea de derroche melancólico se inscribe “Bailan”, otro de los temazos del disco, donde firman una divertida y emocionante letra para condensar en clave de baile desenfadado los sentimientos que afloran en situaciones de flirteo nocturno, las inseguridades de la atracción adolescente, el miedo al rechazo, la añoranza del primer encuentro…
En “Señora”, otra gran joya del álbum, logran, en una acertada combinación de sintetizadores con guitarras, dar rienda suelta a su asombrosa capacidad para pintar como nadie en clave irónica arquetipos sociales trasnochados (aunque desgraciadamente no extinguidos), marcados por la hipocresía de la falsa caridad y obsesionados por las apariencias.
Las relaciones de pareja constituyen sin duda uno de los temas recurrentes del álbum, y aparecen reflejadas desde distintos puntos de vista, siempre bajo el original prisma de LKAN. Así, en el tema “Me hago buzo”, recurren a curiosos juegos de palabras infantiles para escenificar ciertos desencuentros y malentendidos en este tipo de relaciones, mientras que un estribillo luminoso y muy escenificable parece venir a quitar hierro a este tipo de situaciones antes de que la trágica realidad las sepulte. Mientras que en “Echo de menos”, abordan irónicamente la llegada del momento en que la rutina y las comodidades se apoderan de las relaciones de pareja estables, echando la vista atrás hacia épocas anteriores en las que la falta de compromiso de vida en común otorgaba mayor la libertad, emoción y aventura a las relaciones.
El disco no pierde interés a pesar del desfile de ciertas excentricidades vocales y temáticas en las canciones menos bailables. “Pobrecilla” sería un más que aceptable medio tiempo envuelto en una melodía amable, si no fuese por lo excesivamente rebuscado y extravagante en su temática, que dudo entre considerar como un irónico canto al absurdo o una exasperante descripción de comportamientos antisociales. “Yo os comprendo a todos” es otro medio tiempo reflexivo y de curioso aire country, con una función de mera transición, que se deja escuchar con facilidad pero sin entusiasmo, pecando de una letra algo anodina para lo que LKAN nos tienen acostumbrados.
Con “Mi I-pod y yo”, recuperan la intensidad rítmica y el arrebato melódico característico de los temas más rápidos, con un vertiginoso estribillo que, aunque no acaba de explotar, hará las delicias de los fans más saltones en los directos, a pesar de desaprovechar el filón que les brinda semejante título para haber firmado una canción soberbia de haber tenido una letra más trabajada.
El clásico cocktail de ritmos adictivos y melodías pegadizas vuelve a aflorar en “No puedo más”, una protesta frente a las amistades erosivas y poco gratificantes, que, a pesar de divagar en letras inconcretas, se acaba salvando por esa extraña habilidad de LKAN para mantener el interés por la canción, gracias a la destreza melódica y al inteligente manejo de los ritmos.
“Un verano muermo”, una de las pocas canciones lentas del disco, recuerda en clave irónica los veranos soporíferos y carentes de emociones que a muchos nos ha tocado vivir en algún momento de nuestra infancia o preadolescencia, donde la parsimoniosa vida rural y la sensación del inútil paso del tiempo aletarga el ánimo frente al ajetreo propio del ritmo de la ciudad del resto del año.
El álbum se cierra con “Normas de equivocación”, una preciosa balada, versión de un tema de Esmeralda Tuck y los Perros de la Luna, cantada a dúo entre Belén y Olaf, que se acaba convirtiendo en un emotivo himno de reivindicación de la autenticidad, regalando a los nostálgicos un momentazo Jeanette cargado de sensibilidad y sin complejos.
Ha merecido la pena tanta espera hasta la publicación de “Somos otra cosa”, ya que, después de 3 años, LKAN se han tomado superenserio su nuevo trabajo para publicar otro discazo.
dj farrow |