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OBK I ULTIMATUM
Cuando la esperanza de continuidad del proyecto OBK comenzaba a desvanecerse, el anuncio del fichaje por Warner Music en abril de 2008 nos devolvió la ilusión por el regreso de una de las formaciones electrónicas nacionales más entrañables y especiales, que vuelve al panorama electropop con ‘ULTIMATUM’ (Warner Music / 2008). La prueba de fuego después de 3 años de incertidumbre se antojaba especialmente delicada, tras el incomprendido ‘Feeling’ (EMI / 2005), donde Jordi y Miguel mostraron su lado más frágil y delicado, en un disco sobrecargado de baladas de escaso pulso electrónico, algunas impecables como “Amar siempre es sufrir“ o “Conmigo olvidarás”, que el público no les ha perdonado, obviando al mismo tiempo con cruel indiferencia temas bailables de la calidad de “A ras de suelo“, o medios tiempos esplendorosos rebosantes de ironía (“Yo no soy cool”). Puede que la errónea elección del primer single, “Sin rencor”, y sus pretensiones de conquistar nuevos espectros de público no iniciados en la electrónica romántica, les hiciera dar un paso en falso en pos de la diversificación de seguidores, ante el progresivo envejecimiento y retroceso natural de su base consolidada de fans. Quizás por eso, conocedores de los vaivenes de la industria y de los caprichos del público, y recogiendo el recado dejado por el respetable con su escasa aceptación de ‘Feeling’, OBK haya pretendido con el significativo título de su nuevo álbum demostrar una vez más su capacidad de encandilar al gran público con enormes temas de amor que siempre les han caracterizado a lo largo de su trayectoria, o morir en el intento.
Como muestra de la fidelidad a su estilo, OBK reivindica con orgullo las claves del sonido que los encumbró a principios de los 90, dominado por los teclados contundentes, bases adictivas y profusión de ecos y voces sintetizadas, incrustadas en perfectas estructuras pop, recordándonos que no son un grupo de electrónica experimental. Sin apartarse de su fórmula característica de techno pop romántico, OBK intensifica como nunca su apuesta por el baile, en un más que notable esfuerzo por alejarse del peligroso rumbo que tomaba su carrera desde 2005 a nivel de producción, estilístico y promocional, siguiendo al mismo tiempo los recientes y exitosos ejemplos de leyendas extranjeras en entredicho (como sucedió con la resurrección de Madonna con “Confessions…”) o glorias nacionales en proceso de desgaste (la reinvención electrónica de Dover). En ‘ULTIMATUM’, la exquisitez melódica impregnada de melancolía y el romanticismo exacerbado de sus letras encajan a la perfección en bases ultrabailables que acallan tanto su fama de sensibleros como las dudas sobre un posible agotamiento artístico, y nos hacen comprender por qué llevan más de 15 años como abanderados del pop electrónico de baile nacional.
OBK vuelve a lo grande con su impecable primer single “Yo no me escondo”, muy en la línea melódica de “A ras de suelo”, conservando la tradición de regalarnos espectaculares cartas de presentación con las que arrasaron en ‘Antropop’ (2000) y ‘Babylon’ (2003). Una esplendorosa producción marcada por teclados líquidos con un deliberado aire dream, que aportan la tensión inicial necesaria para acabar rematando un tema memorable, muy condicionado por un estribillo sublime que nadie como ellos saben fabricar, a medio camino entre el sobrecogimiento, la autocompasión y la incontenible necesidad de bailar esos ritmos que destilan ganas de vivir. Unas resultonas trompetas triunfales al final del tema aportan la dosis de épica necesaria para bordar un tema impecable que figura desde ya entre los mejores de su discografía. Fieles asimismo a su costumbre de ofrecer un segundo pelotazo en cada disco de mayor impacto si cabe que el primer single (como ya sucediera con “El cielo no entiende” o “Quiéreme otra vez”), este papel parece corresponderle al tema “Ultimatum”, que da título al álbum. Un contundente tema que aúna bases vertiginosas, sintetizadores incisivos y fabulosos filtros de voz, confeccionando un nuevo himno que se postula como uno de los grandes temas de baile del año, candidato no obstante a desgastarse en radiofórmulas y medios diversos por obra y gracia de los planes de marketing de Warner.
Las interesantes bases de “Y tú qué piensas” mantienen una emocionante tensión de principio a fin, apuntalada por la intensidad del estribillo y sus acertados coros. Nuevo tratado de baile de Jordi y Miguel con la adictiva y arrebatadoramente melancólica “Siempre tú”, sin duda la más tributaria del sonido de sus primeros álbumes, que podría haberse convertido en un clásico de OBK de no existir anteriormente “No me arrastraré”, prueba de la alarmante reproducción de clichés melódicos y temáticos, que en ocasiones excede los límites de la mera homogeneidad estilística.
El disco sigue dando continuas muestras de solidez, y, contrariamente a lo que era de esperar, no se agota ahí la cuota de baile del álbum, en el que podemos disfrutar de nuevas muestras de la energía discotequera que sigue manteniendo OBK, en la guitarrera “No tienes corazón”, o en la melancólica “Baila para mí“, con grandiosas reminiscencias setenteras. Mientras que el impecable y aterciopelado medio tiempo “Aún sueño con tu nombre” aporta un respiro entre estas dosis de baile sin tregua.
Como mantener ese listón no resulta nada fácil, el disco acaba perdiendo algo de convicción, navegando lentamente hacia una lógica deriva, entre las pretensiones rockeras de “Nada es como yo lo soñé“, cuyas desorientadas guitarras acaban ahogadas por un acertado estribillo que salva el expediente, y la rabia electrónica de “Cuando todo terminó“, que no pueden ocultar sin embargo su condición de temas de relleno en un álbum, por lo demás, extremadamente digno. Y, como si de una moraleja se tratase, OBK aprende la lección sobre las baladas de ‘Feeling’, reduciéndolas al mínimo en este álbum, que tan sólo incluye la elegante y tristísima “Aunque duermas junto a mí”, quizás más volcada al lucimiento vocal de Jordi que a derretir el corazón de sus fans.
‘ULTIMATUM’ va creciendo asombrosamente con cada escucha, manteniendo un gran nivel en líneas generales, a pesar de la preocupante reiteración temática que subyace en buena parte de las letras. Agradará sin defraudar a los adeptos más exigentes, y acabará instalándose en la mente y el corazón de los incondicionales de OBK, quizás arrebatando a ‘Babylon’ su puesto en el pódium de los grandes discos del dúo barcelonés, junto a ‘…Llámalo sueño’ (1991) y ‘Antropop’ (2000).
Y es que la valoración de cada disco de OBK siempre estará sujeta a la influencia de las producciones y a la tensión comparativa de las diferentes épocas más o menos dulces que ha atravesado el dúo. El gran éxito cosechado a principios de los 90 les obligó a inscribirse de lleno en la escena mainstream, sobreviviendo con dignidad y brillantez durante más de una década a las grandes giras y las maniobras promocionales, con una repercusión mediática prácticamente inédita en los grupos de electropop nacional, que les ha beneficiado y perjudicado a partes iguales. Sin embargo, su carrera siempre ha ido avanzando en un difícil equilibrio entre esta vocación masiva impuesta por la discográfica y una considerable masa de fieles, y la inequívoca fidelidad a su proyecto techno que, a nivel artístico, ha mantenido un espíritu más cercano a la escena electrónica independiente. Así lo demuestra su permanente inquietud por seguir la estela del techno underground europeo (versionando con maestría a referentes como Depeche Mode o DeVision, o encargando remezclas a los mismísimos Mesh o Apoptygma Berzerk, entre otros), o sus colaboraciones con grandes nombres del technopop nacional (Silica Gel, Oblique, David Kano, Lorena C, Alaska).
Intachable y coherente trayectoria la del dúo que ha escrito las más bellas historias de amor del vilipendiado electropop nacional. Con una estela casi mística, Jordi y Miguel, que saborearon en los 90 y a principios de siglo sus momentos de fe en pleno baño de masas, consolidan ahora su proyecto artístico confesándose en la pista de baile, dejándose siempre llevar por el corazón y sin perder nunca su verdadero feeling.
DJ Farrow
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