
Por fin. Desde la aparición de su primer trabajo, “Acapulco”, en 2003,
y sus intensas aunque contadas presentaciones en directo, la travesía se
ha hecho larga y tortuosa hasta la publicación del esperadísimo segundo
disco de Oblique, “Wonderful Opulence". Embarcados en la producción
del nuevo álbum, tan sólo la edición de las magníficas remezclas
del hit “This is my” (uno de los temas más emblemáticos de “Acapulco”)
amenizaban la espera. Aunque en el proceso de gestación de su
nuevo álbum, no dejaron de acudir a su cita como djs y remezcladores
de lujo, destacando su potente remezcla del “Don’t let me down”
del mexicano Isaac Junkie, o más recientemente, la
genial revisión del impecable “Pulpo negro” de Pedro Marín.
Si “Acapulco” destacó por su logradísima recreación del sonido de los 80, bajo una combinación de programaciones electrónicas puras, voz femenina directa y estribillos contundentes, “Wonderful Opulence” presenta una producción más cuidada e innovadora que, sin renunciar al anterior guión, apuesta por un tratamiento de voces y sonidos más elaborado y vanguardista, y un sorprendente manejo de las guitarras. Las nuevas bases destacan por la profusión de efectos electrónicos que profundizan en la búsqueda de atmósferas especiales, a medio camino entre lo ambiental y lo industrial.
Al frente de la vorágine de las originales e interesantes propuestas electrónicas que nos llegan de la ciudad condal (la fórmula Casiotone bailable de Mendetz o el provocador electropop de Lorena C), el dúo barcelonés oxigena la escena de baile alternativa post-revival, dotándola de la elegancia y la sofisticación necesarias para elaborar un disco difícilmente igualable. Un compendio de himnos electrónicos electrizantes cantados de nuevo en inglés, rebosantes de ingenio e impregnados de vanguardismo, que no esconden sus influencias dentro de la escena electrónica independiente. Su irresistible propuesta de dance underground, a la altura de producciones internacionales con vocación mainstream, es capaz de captar a partes iguales la esencia del mejor techno-pop contemporáneo, desde la elegancia de Client, a la contundencia épica de And One, o la sofisticada accesibilidad de Tiga.
El arsenal de recursos con los que cuenta “Wonderful Opulence”, demuestra la notable evolución del sonido de Oblique, una reinvención electrónica apabullante y renovada en la que se hace imposible obviar la magistral introducción del sonido de las guitarras eléctricas (inéditas en Acapulco) y el protagonismo que adquieren en la producción de muchos temas. A lo largo del disco encontramos nuevas estructuras que aportan gran versatilidad al conjunto, con guitarras que cabalgan sinuosamente a lomos de ritmos cercanos al deep house (como el single “Pumber XXX”, con un fantástico reprise electrónico con zarpazos guitarreros como uno de los momentos más brillantes del álbum), riffs que irrumpen sin permiso para resquebrajar la pista de baile, arañando con rabia estructuras machaconas realmente adictivas (“Louis“, “Jealous“), o ritmos vertiginosos que te catapultan al desenfreno discotequero (“Like a cactus“, “Wonderful Opulence”).
El pacto de Oblique con la melodía adquiere mayor diversificación y profundidad en este álbum, con un renovado tratamiento instrumental y vocal que ha ganado en calidad y medios. Junto a estribillos rabiosamente ochenteros (“The age of comunication“, “Louis“), encontramos desarrollos vocales y orgánicos con reminiscencias a Ladytron (“Allan Quatermain”, “Different faces”, “Disgusting“), o distorsiones sintetizadas de aires kraftwerianos ante las que sería difícil no sucumbir (“Electric Gigolo“).
Las letras siguen apostando por mensajes directos que
martillean sobre las bases y programaciones, convirtiéndose en un factor rítmico autónomo y poderoso, con fórmulas repetitivas perfectamente elaboradas que desgranan proclamas en clave irónica sobre personajes curiosos, o alegatos ácidos en torno a la noche, el sexo o la comunicación en la era tecnológica.
En definitiva, un álbum difícilmente descriptible por toda la riqueza de matices de su elegante sonido, marcado por la contundencia de sus
bases rítmicas, sus guitarras lectrizantes, y la efectividad de sus melodías. Una de las más gratas publicaciones del año, que consolida a Oblique
como referente imprescindible del underground electrónico, y sin
duda, como uno de los grupos más vanguardistas e innovadores
de la escena de baile electrónica nacional.
dj farrow