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El día eterno
Invisible
El Día Eterno, el proyecto musical del artista barcelonés José Ángel Hernández, reaparece en 2008 presentando “Invisible”, un mini-álbum de 8 temas en los que sus interesantes letras y su particular voz se funden con la impecable y siempre fascinante producción del sevillano Juanimisterfly, pieza indispensable y parte activa en la composición y arreglos, que nos regala ese tipo de atmósferas sintéticas con las que ya nos cautivase en su etapa con Parabólica, y donde también descubrimos las interesantes colaboraciones de Mesalina Cry y Skinny Project.

Tras su meritorio álbum de debut en 2006, El Día Eterno apuesta con “Invisible” por una serena renovación de su electrónica emocional, ahondando en la profusión de efectos sonoros y bases sintéticas en detrimento de las guitarras y bajos, alejándose de las claras reminiscencias a New Order que abundaban en su primer trabajo, y decantándose por sonidos de espíritu más electrónico cercanos a las grandes baladas de OMD o a los primeros Depeche Mode. El resultado es un recorrido por elegantes sonoridades electrónicas y melancólicas voces a lo largo de todo el álbum, en el que tienen cabida medios tiempos sosegados e introspectivos, menos hipnóticos que los de su primer álbum, junto a propuestas más bailables y luminosas. Canciones que conceden idéntico protagonismo a las melodías, los ritmos y el mensaje, sin eludir el compromiso con unas letras que, en los registros más intimistas, descubren un entramado de sentimientos que exploran distintos estados del alma, anhelos y temores, como la soledad o el paso del tiempo. Así se advierte en la entrañable “Invisible”, la intrigante “Secretos del corazón”, la oscura y nostálgica historia de “Clara y Carlos”, o en la épica subyacente de “Despierta el mar”. Mientras por otra parte, se recupera el pulso del pop electrónico de los 80, en temas como “La sombra del tiempo” o “Hasta que salga el sol”, que evocan la intensa brillantez de Dama se Esconde o desvelan la innegable influencia de Family. Más que interesante resulta el esmerado tributo al pop español de la época con la asombrosa versión de “No mires a los ojos de la gente”, en la que destaca la producción grandilocuente a cargo de Mesalina Cry, dominada por sintetizadores de aire dramático que, junto a la emocionante voz de José Ángel, dulcifican la extraña aspereza del clásico de Golpes Bajos.
A lo largo de los distintos pasajes de “Invisible”, comprobamos con agrado cómo el pop intimista y reflexivo de El Día Eterno, aun sin alcanzar algunas de las exquisiteces de su álbum de debut, encuentra en los efectos sonoros electrónicos y las bases sintetizadas el cauce idóneo para huir de la soporífera dinámica en la que suelen incurrir casi irremediablemente algunos recientes y exitosos ejemplos musicales algo más alejados del pop, que pretenden abanderar la sensibilidad, con propuestas de corte jazzístico (Marlango), ambiental (Russian Red) o introspectivo (Cristina Rosenvinge). Por el contrario, el extremo cuidado de las melodías, la intensidad vocal y la honestidad lírica de José Ángel reafirman el característico caudal emocional que destilan las canciones de El Día Eterno.
DJ Farrow
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