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Concierto Joe Crepúsculo
Ochoymedio, Madrid, 16-01-2008
Ni la trama gubernativa contra la noche madrileña ni la sombra de la persecución e inspección policial de los locales pudieron impedir que el público abarrotase el Ochoymedio el pasado viernes 16 de enero para dar la bienvenida a Joe Crepúsculo, recientemente encumbrado como último ídolo del indie nacional, un hito más en la envidiable programación que la sala madrileña ofrece en este comienzo de 2009.
No dejaron indiferentes las dos actuaciones previas que hubo que soportar antes de disfrutar del concierto que nos había convocado allí. Por una parte, escuchamos al dúo Espanto (Logroño), exhibiendo con parsimonia el controvertido bagaje sentimental de su cantautorismo sereno, moderno y crítico, que únicamente logró despertar mi interés con la meritoria adaptación de un tema de The Magnetic Fields que sirvió de cierre a su más que aburrido set, sin dejar de sorprenderme contemplando cómo, mientras me esforzaba por reprimir varios conatos de bostezo, algunos de sus adeptos absorbían con deleite el mensaje de los riojanos. Por otra, y con una propuesta que hacía honor al nombre de sus predecesores en el escenario, la rabia explosiva de la autosuficiente Lidia Damunt (Murcia), tan alternativa como extravagante, pero con una masa considerable de fieles, que agitaban sus cabezas en éxtasis al compás de los alaridos y guitarrazos de la murciana.
Al menos ambas actuaciones sirvieron de justo calentamiento para recibir aún con más ganas a una de las sensaciones indie del momento, procedente de Barcelona. Joe Crepúsculo se presentaba ante un público madrileño expectante por comprobar si el traslado al directo de su prolífico trabajo (con dos álbumes en 2008, “Escuela de zebras” y “Supercrepus”) haría justicia y sería capaz de corroborar la aclamación de que ha sido objeto por parte de la prensa especializada. Desde luego que no defraudó, dejando en el aire de aquella noche las claves de su creciente reputación como artista underground:
- Amateurismo en estado puro. Un concierto en el que dos tíos sobre el escenario parecían estar ensayando a un mes vista de su puesta de largo, con una actitud tan espontánea y cercana que parecíamos estar leyendo sus mentes, cada vez que los errores (“vamos a empezar otra vez…”) o el olvido de las letras (“voy a mirar en el papel, a ver qué tema viene ahora…”) interrumpían con cierta regularidad el desarrollo de su deslumbrante recopilación de temas.
- Sobredosis de temazos. En menos de una hora hizo un exhaustivo e intenso recorrido por los mejores temas de su repertorio. A base de canciones inmensas, con demoledores estribillos pop, letras inmediatas y bajo el hechizo del sonido Casiotone, Crepus demostraba que no tiene más pretensiones que compartir historias y reflexiones vitales en las que dejar aflorar una melancolía no exenta de ternura (“Gabriela“, “El día de las medusas”, “Iván y Laura“), empaparnos de melodías nostálgicas (“Baraja de cuchillos”, “Los cazadores”, “Canción estival“), o acercarnos a la extenuación con sus himnos más bailables (“La canción de tu vida”, “Escuela de zebras“, “El día de la sardina”).
- Naturalidad en la puesta en escena. Joe Crepúsculo aparecía rodeado de sintetizadores y aparatos electrónicos, junto a Sergio de Thelematicos, encargado de las programaciones y coros, para mostrarse tal como es. Con un planteamiento tan a contracorriente y tan diametralmente alejado del virtuosismo y la afectación, lograron encandilar al público con la soberbia, el pasotismo y la chulería de su puesta en escena - eructos incluidos -. Joe Crepúsculo descubrió nos descubrió el encanto de una propuesta contaminada por su forma de cantar desafinada e irritante y una apresurada instrumentación como únicos medios de expresión de unos temas demasiado grandes, únicamente interpretables por alguien que los ha parido y los arroja de esa forma. Y, sin embargo, sí que suena brillante.
No encuentro otras razones que puedan explicar que una propuesta como la suya haya conseguido un éxito tan unánime como inesperado en la escena alternativa. Y es que hacía mucho tiempo que no veía conjugadas en un escenario ninguna de estas tres variables.
DJ Farrow |