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A l i v e
“Lolita, ángel y aprendiz”
El dúo de electropop Alive regresa en 2009 con nuevo álbum. Sin la familiaridad que otorga haber degustado previamente las memorables demos que acabaron conformando gran parte de su primer álbum “Existe un lugar” (Addaia | pop elèctronique / 2007), afrontamos con expectación las nuevas composiciones de su segundo trabajo. De esta forma, el excitante descubrimiento de los sorprendentes temas nuevos del dúo barcelonés se va apoderando de “Lolita, ángel y aprendiz“ (Addaia | pop elèctronique / 2009), dominado por una producción más contundente a cargo de Juan Sueiro (SPAM), arreglos más variados y voces muy logradas, sin renunciar a su portentosa facilidad para la elaboración de melodías, que viene a confirmar que Alive siguen más vivos que nunca, resolviendo con gran brillantez la prueba del segundo disco, y afianzándose entre los referentes indiscutibles dentro del electropop nacional.
El dúo ha conseguido animar esta espera con la publicación de dos singles de adelanto del disco antes de su lanzamiento (con magistrales vídeoclips, como parte de su cuidada estrategia visual y artística). Por un lado, la hiperbailable “O tú o yo”, de potente percusión y marcados teclados, con una de las producciones más logradas del álbum. El segundo single, “Todo esto para qué”, engancha por la sutil variación melódica con la que logran emular un sample del “Enola Gay” de OMD tremendamente efectivo que, en diferentes escalas, recorre el tema de principio a fin, desde el sugerente intro al encantador estribillo de uno de los temas más impactantes del disco. En esencia, dos singles rompepistas que ya anticipan el espíritu descaradamente bailable del álbum (con apenas dos medios tiempos, y en el que las baladas brillan por su ausencia). Un disco que sigue ahondando en una abrumadora sucesión de temazos por parte de un dúo que ha hecho de la exquisitez melódica su principal bandera. Incluso la recuperación de “Existe un lugar” en la nueva versión más bailable de Juan Sueiro trasciende lo anecdótico para confirmar el excelente nivel de producción alcanzado en su conjunto.
Letras sencillas y efectivas, que abordan con naturalidad e ingenio las contrariedades, emociones y desencuentros de las relaciones de pareja, se acomodan a la perfección sobre nuevos planteamientos de baile en temas de gran frescura. Así, junto a una ácida visión de las relaciones interesadas en “Lolita, ángel y aprendiz”, encontramos un irónico retrato de la frivolidad existencial en la incontestable “Acelerada“, de gloriosos sintetizadores y estribillo tremendamente pegadizo, con potencial para postularse como nuevo himno del petardeo más elegante, hasta acercarse al drama épico que nos brindan los apasionados estribillos de “Miénteme” o “Fantasmas del amor”, adornada con interesantes teclados cristalinos.
También hay grandes momentos en que el dúo sigue dejando traslucir algunos de sus referentes musicales, y así, la magia de Tino Casal aflora tanto en el estribillo como en los arreglos de “En el infierno estoy mucho mejor”, mientras que la inclinación más techno de las secuenciaciones iniciales en la seductora “Error circular“, les acerca sin complejos a la nostálgica y envolvente sonoridad del “Miracles” de Pet Shop Boys.
Sin apartarse de su pop esplendoroso y vitalista, no falta sin embargo la exhibición de registros más melancólicos de indudable sensibilidad melódica, como en “Quién me iba a decir que me ocurriría a mí“, con un emocionante estribillo y magníficos coros del gran Rafa Spunky, en la ternura del pop melancólico y triste de “Nunca fuimos cobardes”, o el emotivo final con “Te quiero, idiota!”, un medio tiempo sobrecogedor que pone los pelos de punta por su lograda voz, delicada instrumentación y acertados cambios de ritmo.
“Lolita, ángel y aprendiz“ constituye un compendio indispensable de temas capaces de recuperar la esencia del technopop más bailable y luminoso de los 80 y primeros 90 y adaptarla a las nuevas exigencias de producción, arreglos y percusiones. Una propuesta tan convincente que, sin negar su vocación comercial ni su idoneidad para radiofórmulas, resulta igualmente apta tanto para un amplio público pop inclinado a la música de baile, como para los ‘technostálgicos’ de los 80 más familiarizados con el género, ávidos por saborear las contadas propuestas salvables que nos ofrecen, con mayor o menor acierto, los artistas nacionales.
DJ Farrow |