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Montevideo
Vértigo y euforia
Tras la conclusión de su etapa en Jabalina, el dúo hispano-argentino Montevideo cierra su trilogía transoceánica de 2005 a 2008 con cambio de sello y nueva formación ampliada a 5 miembros, con la incorporación de Arturo Ucha y Alexis Campos a las guitarras, y Miguel Marín en la batería. Circunstancia que le ha aportado una mayor riqueza y contundencia a su sonido, lo que unido a una especial inspiración compositiva, ha dado lugar a una propuesta mucho más convincente y elaborada. Con “Vértigo y euforia” (El Genio Equivocado / 2010), Montevideo intentan dejar de lado la etiqueta de technopop que parecía incomodarles, sustituyendo las bases electrónicas por baterías e intensificando la gama de sonidos, buscando la frescura, la fuerza y la espontaneidad necesaria para un buen directo. El resultado, una serie de canciones que buscan la perfección pop, con una riqueza instrumental (guitarras, batería, arreglos de trompetas, ukelele, fliscorno y múltiples recursos) y una atrayente propuesta vocal que fascina y apabulla a partes iguales.
Se trata de un inesperado giro en su trayectoria, para construir un universo pop ciertamente personal, pero no aislado ni hermético, ya que a lo largo del disco pueden entreverse inmejorables referentes en los distintos cortes. La intensidad de Dorian asoma en el primer single, “Orillas plutonianas”, con su estribillo apoteósico, su intrépido pulso y oportunísimos teclados, que podría ser el hit irrefutable y contagioso que parecía resistírseles. Un sonido a medio camino entre Lory Meyers y La Habitación Roja presentan otros temas, como “El futuro será lo que queramos“, o los trallazos “Saldremos de ésta“ o “Abominables intrusos”, marcados con la rabia de Los Piratas en sus estribillos enardecidos. La frescura melódica del pop-rock ochentero es innegable en “Mil vueltas” y en la original versión de los Clash “Perdidos en el super”. Quizás por la dulzura argentina de la voz de Damiana, aparecen acercamientos al pop de Miranda cuando agudizan las voces en temas como “Asesino“. Y, como queriendo huir de un planteamiento monocorde, no desaprovechan la ocasión para demostrar su capacidad de manejarse con registros más melancólicos y de mayor calidez instrumental, como en la relajante balada “El azul de la pantalla”, con un delicioso dúo vocal entre Damiana y Manu, la sencillez bossanovesca de “No te puedo dejar sola”, o la sutil experimentación de creciente intensidad de “Mi galaxia”.
Aunque por momentos, y al margen de su espectacular crecimiento artístico, la evolución del sonido del grupo parece querer superar el peso de las etiquetas de corte electrónico, Montevideo no renuncia por completo ni a los sintetizadores, ahora en segundo plano, ni a seguir facturando un pop con raíces ochenteras, al que la maestría de muchas de las composiciones deja vislumbrar pretensiones de atemporalidad. Eso sí, con la intención de asaltar sin contemplaciones la primera línea del pop nacional.
DJ Farrow |