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VÍCTOR LEFREAK – MI INFIERNO PERSONAL
Víctor Lefreak presenta su primer álbum, “Mi infierno personal” (Susurrando / 2011), con un título cargado de intención, que pretende reivindicar y rescatar de la sombra a este artista multimedia madrileño, uno de los productores y remezcladores con más proyección dentro del ectropop independiente nacional. Tras su brillante aportación al elogiado disco de remezclas de Dos Hombres Solos, “Dancing in Gijón”, y a la producción del tercer álbum del dúo, así como a la última entrega de Putirecords, la mano del “tercer hombre” nos ha dejado boquiabiertos con remezclas admirables de La Prohibida, Lemonfly, Alive o Electronikboy, entre otros, lo que impide considerarle como un advenedizo dentro de la escena electropop.
A través de su intrahistoria personal, es de justicia reconocer que Víctor Lefreak ha sabido ennoblecer como pocos el arte del “do it yourself”, elaborando un álbum cargado de bases hipnóticas y adictivas, sintetizadores atrayentes, y preciosas melodías con estribillos memorables. El disco está dominado por una constante interrelación no excluyente entre el halo taciturno y casi siniestro que emana de su voz y sus letras apesadumbradas (salpicadas de referencias en torno al más allá, el desamor, la hipocresía, la traición o la envidia), con la vocación pop de la producción y un sonido de synthpop ochentero inteligentemente renovado. Sin olvidar influencias innegables como Pet Shop Boys o Kraftwerk, la música de Lefreak nos retrotrae a algunas de las fuentes más atrayentes del electropop nacional, a ese existencialismo algo sombrío y desencantado en su recelosa mirada hacia el ser humano que tanto han explorado grupos o artistas, coetáneos o no, como los que ahora parece homenajear. Así, “A prueba de bombas” recuerda gratamente a la nostálgica inmediatez pop de Parabólica o Lemonfly, la bailable y contagiosa “Ser unicelular” podría encajar a la perfección en el repertorio de La Prohibida, mientras que la desoladora melancolía de “Frío polar“ o la plácida confesión de “Mi infierno personal” habrían aguantado sobradamente el tipo en un álbum de Berlanga. Asimismo, la languidez de “Amor de usar y tirar” o la aterciopelada “No siempre es no” reflejan fielmente parte del universo pesimista y desengañado de Dos Hombres Solos, y hacía tiempo que no se apreciaba en los mejores álbumes del género un tema con la elegante delicadeza de “Adiós”.
No obstante, en ocasiones es inevitable caer en la sensación de estar escuchando al alter ego masculino de Alaska ante la preeminencia de los registros lineales, graves y profundos, que inundan la escucha de su infierno personal. Igualmente, resulta casi imposible pasar por alto que las similitudes de su sonido con el de Fangoria son tales que algunos podrían achacarle severamente ese excesivo parecido, mientras que otros encontrarán precisamente ahí su principal virtud, en especial cuando logra visitar con acierto escenarios introspectivos y tocar fibras que al dúo hace tiempo que parecen resistírseles. Varios ejemplos ilustran esta tesis. La extraordinaria exhibición melódica de “Planes de futuro” parece extraída del manual del techno-drama de Fangoria, y hasta habría iluminado los mejores momentos de Astrud, mientras que el aire más desenfadado de “Susto o muerte” parece evocar los inicios de “Salto mortal”. “Zombie” es una joya electropop con las dosis exactas de dramatismo y amargura por las que Fangoria habría matado en cualquiera de sus etapas pre y post vulcanianas, con una secuenciación implacable que se cuela en las neuronas, y una letra desesperanzada y cargada de reproches que esboza un despiadado tratado sobre la degradación humana. Tanto “Odio a la humanidad”, con un estribillo arrebatador y deliciosamente bailable más en la estela de Glamour to Kill, como la belleza dramática de “Tú”, con una amarga letra que rompe el corazón a la primera escucha, rasgada por guitarras que recuerdan remotamente a las de “Electricistas”, atesoran el irresistible potencial de los singles incuestionables de las etapas más brillantes de Fangoria.
En el álbum predominan medios tiempos de atractivas bases, junto a temas más inclinados al baile, que resultan todos ellos idóneos para la remezcla, como si inconscientemente, el genio madrileño deseara que, en justa reciprocidad, revisitaran sus temas los nombres más emblemáticos de nuestro panorama electropop, entre los que el tercer hombre busca merecidamente su sitio. El talento compositivo, el virtuosismo melódico y la solidez conceptual con la que Víctor Lefreak aborda su particular fusión de la vertiente oscura del EBM con el synthpop más melódico, son los ingredientes necesarios para crear este admirable álbum de auténtico technopop, que aúna con maestría tanto momentos bailables, como registros más melancólicos e intimistas, a los que se por fortuna se sigue recurriendo para seguir manteniendo vivo al género en la actualidad.
DJ Farrow |