Última actualización: 14/11/2013 #02 comentarios 

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  #Salvador Tóxico

Salvador Tóxico

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SALVADOR TÓXICO - ANIMALISMO

El panorama indie pSalvador Tóxicoop nacional acoge con interés la nueva propuesta de Salvador Tóxico, el proyecto en solitario de Javier Castellanos, un artista que ya desde dentro de la escena, como guitarrista de Algora, venía aportando su personalidad y estilo en la evolución de la banda de culto madrileña. “Animalismo” (2013) es el título del álbum autoeditado, producido y arreglado por el propio Javier Castellanos y Carlos René, y que cuenta con colaboraciones tan especiales como la de Víctor Algora en "Magnífico y Raro", Cornelia en “El agua y la sed”, Santi Diego (Capitán Sunrise) en “Animalismo”, y los teclados de Natxo Esteban Zabaleta en "Bucle", "Raro" y "Lo eterno".

La desnudez acústica y la sinceridad de “El agua y la sed” inaugura el álbum con un tono dominado por la tristeza, con hermosos y exquisitos coros del dúo Cornelia, que acentúan la fragilidad del tema (“por qué me dejas rasgándome la piel, si has visto que lo intento y que vuelvo a caer”). En “Me tengo que acostumbrar” sigue predominando ese marcado sonido acústico, aunque con un ritmo más animado que parece querer aplacar la resignación de “estar contigo y no poderte abrazar”. La sobriedad acústica de “Lo eterno” envuelve un romanticismo que sobrecoge (“Hoy he vuelto a perder la cabeza contigo / y la lluvia hoy es el recuerdo de que fuiste mío”) mientras acaricia los oídos con una suave voz, una constante en todo el recorrido sonoro del disco.

Los momentos más electrónicos del álbum destilan un indiscutible sabor al pop ensoñador de Family. Ya sea en la melancólica “Me voy a París”, uno de los temas más logrados y accesibles, donde la animada percusión y los logrados teclados ambientales proponen un viaje, una huida hacia adelante ante el desamor que queda tras la pérdida (“y qué más da si ya no estás”). O bien en la sutileza electrónica de “Abisal”, con esa mezcla de percusión envolvente y teclados obstinados, y esas bellas vocalizaciones que dejan un gratificante rastro tan cercano a Dorian. En “Nadando al revés” endurece las percusiones y electrifica las guitarras, proporcionando un aire más rockero inédito en el resto del álbum, para desembocar en un fade intenso y envolvente dominado por suaves acordes sobre teclados que rozan lo épico.

La huella del lirismo contemplativo de Algora asoma en la placidez nostálgica de “Magnífico” y en ese cotidianismo trascendental de “Bucle”, con letra y melodía vocal del propio Víctor Algora (“ahora que estás muerto oigo reverberar tu voz desde el infierno”), con una nueva apertura electrónica y unos marcados teclados finales que hacen patente la versatilidad sonoraSalvador Tóxico que propone este artista. El intimismo más descarnado reaparece al final del álbum, impregnando las tímidas fantasías escapistas de “Raro” o los sentidos reproches de “Animalismo”, con una maravillosa letra de Manuel Jiménez, que acusa en clave poética los temores que genera una relación opresiva, ahogando los sentimientos en una angustiosa rutina (“no me escondas ya dentro de esta nevera y no me encierres más en peceras de sal / puede que esta vez, dentro de esta novela, no haya espacio para una luna nueva“) .

En definitiva, un pop tremendamente ensoñador, cálido y reconfortantemente íntimo, con el que Salvador Tóxico afronta un valiente cara a cara con las emociones, los fantasmas, los recelos y las aflicciones habituales que enmarañan las relaciones sentimentales.

DJ Farrow

 

 

 

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