Concierto La Casa Azul – Sala But, OchoyMedio (24/03/2012)

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A todas mis amigas: esta noche iré de azul de la cabeza a los pies, salvo una camiseta de color rosa chicle… cosmos. Espero veros allí, de azul eléctrico, para flotar todos juntos por la vía láctea. Hoy saltaremos todos a la pista”. El mensaje que a media tarde enviaba a mis amigos pretendía animarme y calentar motores de cara a la gran noche que se acercaba, y presagiaba un concierto tremendamente emotivo. Aún no sabía en qué medida eso iba a ser tan cierto. Algo se había ido filtrando del esmero que había puesto Guille en que la nueva puesta en escena, esta vez acompañado de dos músicos, lograse superar el fantástico impacto de las pantallas, los androides y las proyecciones de la gira de La Revolución Sexual. Pero no podía dar crédito ni contener la emoción al ver que el recurso del comienzo, haciendo coincidir la imagen proyectada con la salida física de los músicos por los laterales de la pantalla, era el utilizado por Pet Shop Boys en la gira Somewhere, y que las cabinas de los dos acompañantes de Guille eran réplicas similares a menor escala de la de Chris Lowe en el Pandemonium tour. Fueron tan sólo pequeños detalles que acabaron absorbidos por la tremenda efectividad de las proyecciones que, ya fuera por el impacto visual de las imágenes, la perfecta sincronización con las canciones o la explosión de luz y color que irradiaban, terminaron compartiendo un merecido protagonismo con la música a lo largo de todo el evento, y mitigando en parte la insuficiente claridad del sonido vocal.

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Tras la descarga inicial de adrenalina con “Los chicos hoy saltarán a la pista” y una tempranera “Chicle cosmos”, Guille retó a la concurrida sala con una acertada alternancia de temas recientes (“Qué se siente al ser tan joven”, “Sucumbir”, “Colisión inminente (Red lights)” o “La Polinesia Meridional”) con clásicos de anteriores discos (“Cerca de Shibuya”, con una espectacular gama de imágenes de la capital nipona, “No más Myolastan”, “Chicos malos”, “El momento más feliz” o “Ellas cantan para mi”) tan inteligente como efectiva, mientras que las soberbias proyecciones iban impactando cada vez más en el público. Si en 2007 rescató con tremendo éxito el “Love is in the air” de John Paul Young, esta vez fue una sorprendente versión ultrabailable del “Take on me” de Aha la elegida para poner el toque más ochentero a la noche. Por si fuera poco, en medio del concierto nos regaló un vibrante popurrí de clásicos (“Galletas”, “Ces’t fini”, “Hoy me has dicho hola por primera vez”) que hizo las delicias del público, cada vez más emocionado.

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En medio de tan generosa entrega, Guille reconoció al introducir “Terry, Peter y yo” sentirse menos solo cuando alguien se identificaba con sus canciones. Pero fue en el momento de los agradecimientos a sus colaboradores, cuando derrochó esa humilde y descarnada sinceridad de la que hace gala sin querer, y que seguía utilizando durante la desnuda exhibición al piano de temas como “Me gustas” o “Yo también”, para terminar derritiéndonos con la asombrosa interpretación de “La vida tranquila”, donde tenía guardada una nueva sorpresa, con la imagen proyectada de su pareja Silvia de Niza para completar el dúo, haciéndonos sentir partícipes de esa mágica complicidad que transmite el tema… y es que la estudiada sucesión de las canciones logró exprimir al máximo las sensaciones pop a flor de piel de toda la sala, y supo jugar a su antojo, con despiadada meticulosidad, con las emociones de sus fans, haciéndonos pasar del baile desenfrenado a la balada emotiva y conmovedora con pasmosa naturalidad. Llegué a sentirme algo incómodo al ver cómo el chico que portaba una pancarta con el letrero “TEMAZO”, no pudo bajar los brazos prácticamente en ningún momento del concierto.

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La traca final comenzó con “Europa Superstar”, y sus llamativas imágenes de grandes momentos de Eurovisión, la siempre aclamada “Superguay”, con un glorioso rescate de las escenas más coloristas de la iconografía visual de sus inicios (los cinco chicos rodeados de globos, luz y color), y la apoteósica “Sálvese quien pueda”, que vino seguida por una espectacular exhibición de Guille a los bombos interpretando la dulce transición hacia “La niña más hermosa”. Como bises, no podía faltar “La revolución sexual”, precedida de un intro en clave electro que avivaba el ansia por bailar el tema, y unos adictivos arreglos funkies, para volver a sentarse al piano intentando prolongar la magia del momento cantando “Como un fan”, y terminar saliendo de nuevo a culminar la grandiosa noche con “Todas tus amigas”, dejándonos a todos con la misma sensación: la gratitud infinita a un artista que lo entrega absolutamente todo.

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